Un buen día, evacuando chismes de la buhardilla, descubro encima de una rinconera este viejo maniquí, olvidado como el arpa de Bécquer. Lo pongo junto con un batiburrillo de trastos en un contenedor de obra, y en ese momento llega una simpática vecina, arqueóloga y gran experta en manualidades: "¿Por qué tiras esa pieza tan estupenda? Anda, coge el maniquí que vamos a hacerle un tratamiento fácil pero muy lucido, ya verás cómo queda".
Lo ponemos en su trípode para estudiar sus posibilidades. El foam que lo recubre está muy castigado con restos de pintura y manchas, pero el cuerpo parece en buen estado, no presenta al tacto bollos ni roturas. Igual que una vieja mesa de madera, con una esmerada sesión de cuidados el maniquí puede quedar como nuevo.
PASO 1 Rápidamente lo "desollamos" y descubrimos la causa de su ligereza: el maniquí es una carcasa de poliéster armado con fibra de vidrio. Una superficie muy buena como soporte, que puede trabajarse de muchas maneras.
jueves, 14 de febrero de 2008
Resucitar un maniquí
en 13:39
Etiquetas: Restauración
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario